En las últimas décadas del Siglo XIX, las personas morían por un simple resfriado por lo que estaban terriblemente familiarizados con la muerte.
Se estaba enfermo casi siempre por cortos períodos de tiempo antes de que su vida finalizara. Una vez que ocurriera, se comenzaba a preparar el cuerpo y la casa para el funeral, un acontecimiento donde todos llegaban y que cuando terminaba, se debía seguir con actitudes de extrema tristeza durante años y a veces décadas (más que nada para la esposa del fallecido).